Ciberacoso y otros riesgos: es hora de actualizar los cuentos

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Desde el principio de la humanidad, los cuentos populares, gracias a la cultura y tradición oral, han facilitado la supervivencia del género humano y su socialización.

Además de ejercitar la capacidad de escucha, trabajar la lectoescritura, ampliar el vocabulario, mejorar la comprensión oral y escrita, aprender nuevos conceptos y profundizar en el dominio de otros, y estimular la imaginación y la creatividad, los cuentos también ayudan a los niños a diferenciar entre el bien y el mal,  y a fomentar la empatía y la capacidad de decisión.

Los cuentos y la transmisión de valores

Los cuentos clásicos han sido transmitidos de generación en generación y, a través de ellos, los niños han aprendido a creer en sus adultos más cercanos, confiando en que pueden protegerles de cualquier peligro que les aceche. La dicotomía existente en las historias, en las que el mal está representado por malvados y monstruos, mientras que el bien siempre lucha contra ellos y acaba triunfando, es una imagen fundamental para la infancia. Si los padres –o cualquier otra persona allegada– no pudieran ofrecerles seguridad, terminarían angustiados de tal forma que su desarrollo y maduración acabarían inhibidos o alterados. No obstante, y de forma progresiva, estas historias también tienen que prepararles para asumir un papel cada vez más activo en esta diferenciación entre el bien y el mal, y aceptar las posibles consecuencias que de sus actuaciones se deriven, dependiendo así, cada vez menos, de un adulto protector para enfrentarse a sus miedos.

Sabemos que el mal no está encarnado por un único individuo, ni tampoco es la única característica presente en la personalidad de los malvados; esto hace que puedan aprovecharse de la inocencia de los menores, disfrazando su maldad con una máscara de bondad y preocupación desinteresada, para acercarse a ellos con el fin de engañarles o hacerles daño. El cuento ayuda tanto a transmitir valores positivos como a identificar los valores negativos, de ahí la importancia que posee como instrumento de formación y prevención.

Los cuentos y los cambios en la sociedad

Como comentábamos antes, los cuentos son necesarios para promover la confianza de los menores en los adultos que les cuidan, y facilitar su comunicación con ellos. Igualmente, les sirven para superar sus temores, y les ayudan a comprender el mundo y distintas situaciones reales, anticipándose a aquellas que puedan resultar potencialmente peligrosas.

Un cuento dice muchas cosas más allá de las palabras que lo conforman, y el menor se ve estimulado a descubrir los posibles significados ocultos que la historia pueda contener. Puesto que los cuentos no finalizan cuando terminan de contarse, sino que continúan en las historias que se suscitan a partir de ellos, cuando relacionan sus experiencias y su vida cotidiana con lo relatado, o cuando reflexionan y asocian conceptos, debemos aprovecharnos de estas circunstancias para facilitar el aprendizaje adecuado en los menores.

Nuestra sociedad y los riesgos que surgen en su seno evolucionan y cambian rápidamente; sin embargo, continuamos educando a nuestros hijos de la misma forma. Como comentaba en el artículo anterior, es habitual aconsejar a nuestros hijos que tengan cuidado al cruzar la calle o incluso que les acompañamos para hacerlo, mientras que en el uso de la Red no hacemos lo mismo; tampoco solemos escuchar a nadie advertir a los menores de que tengan cuidado con las fotos que realizan o que comparten con sus amigos, ni de que eviten contar dónde están en cada momento o lo que hacen, ni siquiera en un medio como Internet.

Y es que, para poder identificar un posible riesgo, debemos ser realmente conscientes de que éste existe. Desgraciadamente, pocos reconocen  los riesgos de Internet, o al menos no le dan la suficiente importancia, al pensar que nunca les tocará de cerca. Por lo tanto, no sólo debemos educar en las competencias digitales, en el uso de Internet, y en el de los dispositivos que permiten su acceso, sino que será imprescindible informar sobre sus riesgos y cambiar la forma en la que educamos sobre ellos.

Dadas las grandes ventajas que ya hemos descrito para la educación de los menores, y la afinidad que tienen hacia las historias que narran, el uso de los cuentos populares –adaptados adecuadamente– será uno de los medios más apropiados para educarlos sobre los riesgos que pueden encontrase en la Red.

Los cuentos y su aplicación en la seguridad en la Red

Hasta hace algunos años, el principal contacto que solíamos tener entre las personas era cara a cara, pero hoy día las reglas han cambiado. Gracias a las nuevas tecnologías establecemos contacto con gente a la que habíamos perdido la pista hace tiempo, o conocemos con facilidad a otras nuevas de las que no sabemos absolutamente nada, ni tenemos referencia alguna.

Para los menores, la realidad es la misma, salvo por el hecho de que no disponen del criterio necesario como para ser capaces de discernir los riesgos que para ellos puede suponer su presencia en Internet: ciberbullying, grooming, sexting, cyberstaking, etc., son sólo algunos de los conflictos a los que pueden estar expuestos si no poseen la suficiente educación en el uso seguro y responsable de Internet, y los conocimientos como para poder evitarlos.

Si bien hablábamos antes de las múltiples ventajas que ofrecen los cuentos clásicos y populares para los menores, debemos reconocer que la sociedad, los riesgos y los conflictos expuestos en ellos no encajan ya demasiado con los actuales. Por ello se hace necesario cambiar los cuentos o crear unos nuevos para adaptarlos a la realidad de la sociedad actual.

En este sentido, y realizando las modificaciones oportunas, sería sencillo enlazar el cuento popular de los hermanos Grimm “El lobo y los siete cabritillos” con un caso de grooming, ya que el lobo se las ingenia para hacerse pasar por su madre con el fin de comérselos. Igualmente, el cuento “Hansel y Gretel” –también de los hermanos Grimm–, podría adaptarse sin problemas para abrir los ojos a los menores sobre el peligro de facilitar su localización o contar lo que hacen a través de Internet, pues al igual que los pájaros se comían las migas de pan que iban marcando el camino, el rastro digital y la información que dejan los menores en su uso de la Red pueden ser seguidos sin dificultad; incluso la casita de chocolate y la bruja podrían asociarse fácilmente también con el grooming.

Asimismo, el cuento de Hans Christian Andersen “El patito feo” podría ayudar a entender el ciberbullying y sus consecuencias, así como la fábula tradicional “Los tres cerditos” destacar la importancia sobre el uso de programas de protección de datos e información personal en los dispositivos con acceso a Internet.

Muchos son los cuentos que, adaptados adecuadamente o creados a medida, podrían ayudar en la lucha a favor de la seguridad de los menores en la Red, por lo que no deberíamos desaprovechar esta gran oportunidad que se nos ofrece.

Por unos menores más seguros: ¡cambiemos el cuento!

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